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ESTE PAÍS CULTURA: Respirar era llorar (cuento)

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Respirar era llorar No importa si hace frío, dijo la madre de Rogelio.  El pequeño corrió hacia los demás, que ya se iban. Dentro de los vestidores los niños eran como hermanos. Ninguno de esos niños era su hermano ni sabía Rogelio lo que era tener uno pero, viéndolos desde el rincón, sí parecían todos hermanos. Cuando se estaba cambiando pensó que el traje de baño no era ropa. El entrenador lo apresuró. Sus pasos eran ruidosos, dolían cuando las chanclas se le adelantaban. Rogelio escuchó un silbato y la voz enojada a lo lejos. Llegó a la alberca. Se imaginó que estaba llena de agua aunque solo veía un hoyo sin fin. En las gradas había muchas personas. La gente le gritaba a los hermanos y con los gritos eran más. Rogelio iba sin ropa. Toda esa era una familia y el entrenador era su padre. El niño se quitó las chanclas y se asomó al hoyo frío. Escuchó al entrenador gritarle en la espalda con su mano. Oyó el agua del abismo como un portazo en las orejas. Pudo mirar su...

Autorretrato

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THROUGH THE RAIN                               É.S.                            (2015)

RULO's WORLD: Grafitti

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Grafitti (2014)

ADIÓS, SUSANITA

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ADIÓS, SUSANITA (cuento) Todas las mañanas Mariana se levantaba y corría por los cuartos de su casa. Había cinco habitaciones, dos de las cuales eran ocupadas por su padre y ella y no por la obsesión retratista de su madre. La sala estaba muy bien provista. Tenía viejos muebles de hierro. La mesa estaba rodeada por sillas de madera negra y tremendos cuernos de cerámica (que su padre cuidadosamente había redondeado con una fresadora y cubierto con plástico para evitar que sufriera algún accidente). En el jardín de la parte trasera había macetas y una pequeña fuente pegada al muro, donde    Mariana se pasaba las tardes jugando con sus muñecas: Susanita, por ejemplo, a veces era madre y otras hija. Una noche la casa se llenó de personas alegres y su padre se apresuró a dejar libres a aquellos animales toscos. Había ruidos como de estampida y una música de burla. La letra invitaba a todos a carcajearse del mundo, según entendía    la niña. Los cuernos se movía...

ESTE PAÍS: Apuntes sobre la inmovilidad en los parques

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Apuntes sobre la inmovilidad en los parques A simple vista uno podría decir, con la mayoría de la gente de provecho (aun siendo conscientes de la ambigüedad de esta expresión), que es una pérdida de tiempo que un escritor no cuente una historia. Imaginemos a una mujer en el parque, sentada en la banca enfrente a la de uno. Sería bueno apuntalar dicha imagen como el escenario idóneo para arrancar un relato (cosa que en algún momento podría ayudarnos a poner un título cualquiera; facilón, incluso). Pero si uno se detuviera (así como el ojo de un espectador curioso haría), si uno se percatara del abordaje de su mirada, de su selectivo enfoque, sin duda notaría que es una mujer delgada, vigorosa y (en efecto) de pecho abundante; quizá exagerado por la curvatura de su chamarra. Para propósitos secuenciales habría que decidirse por un vestuario desde antes pero, siendo obvio para el que mira, esa prenda sería parte del conjunto de unos pantalones (unos pants que hacen justicia a l...

'Another'

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Another É.S. 2020

GIGANTE (cuento)

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Gigante Eriberto jugaba con su hermanita tras la cortina muy bien cerrada. Debajo de la cama, donde él estaba agachado, dos personas discutían. Entonces una de ellas, asustada, huyó hacia el carro sin ruedas que era el tenis de Eriberto. Salió disparado, dando tumbos, y se estrelló con un edificio. Enseguida tomó el otro un convertible y salió hacia donde había sido el accidente. Eriberto se apresuró para regresar un poco el tiempo. Salió del cuarto a la cocina por una bolsa del súper. Su madre le dijo que se pusiera los zapatos. Llegó justo antes del accidente. El accidente ocurrió de nuevo pero, esta vez, se pudo ver    y escuchar la explosión y una bola de humo blanco salió volando del automóvil flotador. Su hermana remodelaba la mansión, las muñecas no se daban cuenta de que no había paredes. Pero ella sabía más que las muñecas, entonces sí que había paredes y un suéter verde para el jardín. Luego ella quiso más luz. Fue a la ventana y Eriberto le dijo: –No, e...